La XVII Reunión de Hermandad nos llevó este año a las tierras del maestrazgo turolense durante los días 11,12 y 13 de mayo. Tuvimos suerte porque la climatología nos acompañó e hicieron unos días preciosos en los que pudimos contemplar el azul intenso del cielo de esta zona de Aragón, que llama mucho la atención a los que saben “mirar hacia arriba”.

Todo lo que merece la pena exige un esfuerzo, así que llegar a estas tierras desde Zaragoza se hace largo porque las curvas del camino son muchas. Pero finalmente, con un poco de paciencia, se llegó al destino: La Iglesuela del Cid. Nos alojamos en la Hospedería que es un establecimiento de cuatro estrellas resultante de la restauración de un palacio del siglo XVIII. Y es que no nos merecemos menos: un lugar entrañable y acogedor desde el que, acostumbrados a los ruidos de grandes urbes, disfrutamos algunos y otros sufrieron en sus momentos de descanso, del sonido de las campanas cercanas como únicos testigos del paso del tiempo. Porque aquí uno puede relajarse y además aprender, aprender de órdenes templarias y guerras carlistas. Cantavieja, declarada conjunto histórico artístico en 1981, con un interés no sólo arquitectónico por sus monumentos y su estructura medieval, sino por su pasado histórico. Por allí, en su Museo de las Guerras Carlistas, aún ronda Ramón Cabrera, el “Tigre del Maestrazgo”. Mirambel, cuyo nombre (“mirada bella”) ya invita al paseo y a la reflexión, como le ocurrió a Pío Baroja y lo dejó plasmado en su novela “La venta de Mirambel”. Además de tratarse de un conjunto histórico-artístico, conserva en su totalidad el recinto amurallado y recibió en 1982 la Medalla de Oro de la organización “Europa Nostra” por sus tareas de embellecimiento y restauración. Mosqueruela, en los límites entre las provincias de Castellón y Teruel, a casi 1500 metros de altitud, mantiene sus soportales góticos, restos de muralla, casas barrocas e incluso un vasto archivo de la Comunidad... todo por lo que entendemos que en tiempo atrás fue la segunda localidad de Teruel.

La gastronomía de esta zona tampoco nos ha dejado indiferentes: jamón de Teruel, cecinas, carnes, repostería... Un placer también para el sentido del gusto.

Pero nos dio tiempo para reunirnos y comentar algunos casos clínicos (¡qué haríamos los médicos si no pudiéramos hablar de medicina!) Se presentaron nueve comunicaciones, muy interesantes todas ellas, de las que surgieron numerosos comentarios, inquietudes, apreciaciones... Otra forma más de enriquecerse.
La cena “de gala” en la Hospedería, que justo es reconocer que no fue la mejor, dio paso al baile con disco móvil en una zona encantadora del hotel, abuhardillada, con sofás para la comodidad de los más tímidos y una terraza para recoger algo de aire fresquito antes de salir de nuevo a la pista.

Y para el último día dejamos una experiencia distinta. Acercarnos al Museo Minero de Escucha, enfundarnos un casco-linterna y visitar, bajando con vagonetas, una mina auténtica a 200 metros bajo tierra. Como también es importante “mirar hacia abajo”, nos pusimos por unos minutos en la piel de los mineros que aquí trabajaron, en la dura vida que llevaron. Y con esa nueva experiencia nos dirigimos a Montalbán. Comenzamos con una visita al Centro de Interpretación de la Geología y Espeleología que, instalado en una antigua bodega, se dedica al estudio de la Geología del Parque del río Martín y a la práctica de espeleología en la zona. Nos mostraron, con mucho entusiasmo, los puntos geológicos de interés y los variados recorridos subterráneos que existen.

Finalizamos la mañana visitando la Iglesia del Apóstol Santiago, restaurada en su exterior y con muchas necesidades en el interior, donde lo que más impresionaba era el andador situado en la parte superior mudéjar que le daba un carácter militar a la construcción. Y nos contaron un cuento: “la leyenda de la loca de Montalbán”. ¿Realidad? ¿ficción? La historia de amor entre Don Berenguer de Azlor y Doña Aldonza de Entenza, que acabó en tragedia: “Justo es que reposen juntos en la muerte, los que tanto se amaron en la vida”. Y nosotros, mientras tanto, volvimos a nuestras tareas habituales, un poco más ricos en experiencias.

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XVII Reunion de Hermandad
XVII Reunión cientifica (primer anuncio)